La confianza es como el dinero, cuesta mucho ganarla y en un plis plas desaparece. Es una comparación odiosa, lo sé, pero es tan cierta como la vida misma. Contar tus problemas es hacerte vulnerable, por eso soy tan reacia a contar las cosas. Pero de pronto alguien aparece y de pronto te hace sentir como en casa, segura, y le cuentas todo.. todo. Tus confidencias, tus problemas, tus sueños, tus ambiciones. Eso hace que tengas confianza ciega en esa persona.. y eso no siempre es bueno. Tener confianza ciega en alguien es poner la mano en el fuego por ella, es desmentir cualquier rumor que la ponga en mal lugar, es arriesgarte por ella. Pero muchas veces esas personas en las que tanto confiamos y a las que tanto queremos nos decepcionan. Y el palo que nos llevamos es bastante duro. Vemos que esa confianza, esa amistad que parecía fuerte como un castillo de piedra se derrumba con la misma facilidad que un castillo de naipes. Y por mucho que lo intentas ya nada es como antes.. y te vuelves a encerrar en ti misma, sin conar nada a nadie y como concusión sacas que nadie te va a querer más que una misma y que quien mejor guarda las confesiones es la almohada, aunque esté empapada de lágrimas.

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